DISCURSO DE LA COORDINADORA NACIONAL DEL SEMINARIO, MTRA. YRMA GARCÍA RODRIGUEZ EN CIUDAD MENDOZA
SEMINARIO DE LAS ALTAS MONTAÑAS DE VERACRUZ
PALABRAS DE LA MTRA. YRMA GARCÍA EN CIUDAD MENDOZA
MAESTROS Y EDUCADORAS que esta mañana hacen acto de presencia en este Seminario Interinstitucional de Pedagogía que celebramos aquí en la cuna de la pedagogía moderna mexicana. Las Altas Montañas de Veracruz son sin duda alguna la región donde se creó la Escuela Modelo.
Aquí y sirva de marco para el Seminario, este edificio histórico construido en la cuarta década del siglo pasado que alberga a la Escuela Esfuerzo Obrero y donde seguramente alguno de ustedes, sin darse cuenta y sin pensar lo que serían en el futuro, dejo aquí su infancia. Corrió por estos pasillos y patios y ahora, al verse como maestros, los recuerdos llegan más rápido.
Me platicaba el profesor Manuel Quiles Cruz –quien es el responsable nacional del Seminario Interinstitucional de Pedagogía- que aquí seguramente hay personas que estudiaron su primaria, la secundaria, la licenciatura y ahora están con nosotros ¿hay alguien aquí que estudió en este recinto?...muchas gracias.
Quiero comentarles que Yrma García Rodríguez es orgullosamente veracruzana, nacida en el hermoso Puerto de Veracruz y avecindada en Ciudad del Carmen desde hace ya dos décadas y media. Mi corazón está con los campechanos; pero mi sangre –que es la que llama- está con mi querido Veracruz, hermoso.
Y es precisamente Veracruz quién le da brillo inicial a la gran cruzada pedagógica iniciada por Enrique Laubscher y Enrique Conrado Rébsamen. Significa que los primeros proceso pedagógicos modernos fueron incorporados por un berlinés de lengua natural alemana y un ginebrino de lengua alemana: Laubscher y Rébsamen, respectivamente.
Son ellos los que traen –sobretodo Laubscher- la pedagogía froebeliana del Kindargarden a nuestro país…si …si Kindargarden, para el inglés kindergarden y para nosotros kínder asi…kínder.
Para el Seminario Interinstitucional de Pedagogía Laubscher es la síntesis y la llama generadora de la educación de europa –alemana- traída a América. En 1880 –fecha en que se marca la llegada de Enrique Laubscher a las costas veracruzanas…aunque existe la fecha de 1872 como fecha de llegada- empieza una de las epopeyas más grandes de la educación mexicana. Un doctor en pedagogía que no hablaba español, se decide a aprenderlo, mientras que ya en la zona de los Tuxtlas, ese gran educador alemán de nacimiento y mexicano de corazón, tiene que ganarse la vida vendiendo pan. Sus dotes extraordinarias le hacen sobresalir y ser solicitado por el gobierno veracruzano de aquellos años ochentas iniciales del siglo XIX para generar acciones que favorezcan al magisterio y a la niñez. De Veracruz a Alvarado y a Orizaba.Cuentan sus biográfos que Laubscher
“Nació en Wachenheim, Baviera, Alemania, en 1837. Murió en la ciudad de México, en 1890.
Estudió en la Escuela Normal de kaiserslautern y en la Universidad de Halle. Ejerció como profesor en Alemania y en 1872 se trasladó a nuestro país estableciéndose en la región veracruzana de los Tuxtlas, en donde trabajó como maestro, después fue director del colegio "Esperanza" del puerto de Veracruz, pasando luego a Alvarado.
A partir de sus experiencias previas y sus conocimientos pedagógicos, introdujo una serie de reformas a la enseñanza, entre las cuales destacaron: la proscripción de la enseñanza mutua (de tipo lancasteriano) y la implantación del método simultáneo; la abolición de la instrucción memorística y la substitución por clases orales, objetivas y experimentales; la introducción del fonetismo, de ejercicios físicos y juegos recreativos; la promoción del Kindergarden para atender a niños pequeños; el establecimiento de talleres y prácticas agrícolas.
Con el apoyo del gobierno del estado, en 1883 fundó la Escuela Modelo de Orizaba, en donde puso en práctica sus ideas y recursos pedagógicos, principalmente la enseñanza objetiva. Asociado con Rébsamen, estableció la Academia Normal para profesores en Orizaba, con cursos teórico-prácticos que beneficiaron no solamente a los docentes de la región, sino también a muchos otros que llegaron de lejanos lugares.
Distanciado de Rébsamen, pasó a México como director de la primaria anexa a la Escuela Normal fundada en 1887. Fue invitado por diferentes entidades para reorganizar la enseñanza, pasando entonces a Chihuahua en 1889 donde ocupó cargos directivos y estableció nuevas cátedras acordes con las reformas que en esa época se producían en materia de pedagogía. No pudo cumplir una encomienda similar en Oaxaca, ya que en el camino a esa ciudad le sorprendió la muerte.
En su obra escrita destacan: Escribir y leer y Guía del maestro de aritmética para los pequeños”.
Leyendo los Apuntes Veracruzanos encontré….
Mientras pueda hacer algún bien a la humanidad, me creo en la obligación de trabajar por ella, y aún cuando un sólo instante de vida me quedara, lo emplearía con gusto en el bien de la niñez.
Este generoso pensamiento pertenece a uno de los más notables y adelantados educadores nacidos en territorio veracruzano. Su trabajo como profesor y su obra escrita acerca de la educación, la escuela y el maestro, lo llevaron a ocupar un sitio preferente entre los grandes educadores de México. Este hombre fue Carlos A. Carrillo…..Carlos Arturo Carrillo Gastaldi, hijo de José Julián y doña Carmen. Nacido en Córdoba, Ver., el 27 de julio de 1855 y avencidado en Xalapa desde un año de edad.
Dentro de la familia, el niño aprendió a leer y a escribir a la edad de cinco años, gracias a la enseñanza que recibió de una tía suya. Ingresó a la escuela y, a pesar de padecer desde entonces una enfermedad bronquial, durante su educación primaria y secundaria obtuvo siempre muy altas calificaciones; sin embargo, la enfermedad lo limitó para desenvolverse como cualquier otro niño y lo hizo débil de cuerpo, retraído y quieto. Quizá por eso se entregaba por entero al estudio en los libros.
Aunque había manifestado inclinación por los estudios de medicina, a los treces años ingresó al Seminario Conciliar para estudiar la carrera de derecho. Fue tal su dedicación y aprovechamiento que cuando a mitad de la carrera presentó sus exámenes, lo hizo de manera tan brillante que quienes lo examinaron reconocieron que podía presentar exámenes para titularse de abogado, pero ni su padre ni el propio Carlos aceptaron esa posibilidad. Carlos Arturo continuó sus estudios en un colegio del estado; allí, siendo alumno, fue designado catedrático en varias materias debido a su sabiduría tan ampliamente demostrada.
Al terminar su carrera, y después de haber practicado en el Tribunal Superior de justicia, era de esperarse que Carlos A. Carrillo se titulara como licenciado en derecho; sin embargo, Carrillo nunca decidió titularse, a pesar de que, por sus cualidades, su futuro como ahogado se le abría de manera muy amplia y prometedora.
Quizá sólo estudió esa carrera por complacer a su padre que era licenciado en Derecho; tal vez no era esa su vocación porque, a partir de ese momento, probablemente motivado por su experiencia como catedrático o influido por la forma en que desde niño vivió su vida escolar, decidió dedicarse por completo y para siempre a la educación de la niñez.
*No, yo no comprendo al niño convertido en máquina para repetir pensamíentos ajenos, siquiera sean los más brillantes de los más insignes pensadores; el niño quiere decir alma, inteligencia, corazón y vida, vida que aspira a la luz de la verdad, como la planta a la del sol. Educar al niño no es embodegar en su cabeza frases que otro elaboró, y que para él carecen de sentido; no es vaciar en su memoria libros; es enseñarle a pensar por sí mismo, a díscurrir él mismo, a expresar su pensamiento con palabras buscadas y combinadas por él mismo también, es, en suma, ejercitar todas las fuerzas de su espíritu, darle impulso para que recorra su camino, prestar alas a su actividad para que tienda el vuelo al cielo luminoso de la verdad para la que ha nacido*.
Así pensaba aquel joven que abandonó las leyes para dedicarse al magisterio. Es tan claro y adelantado su pensamiento que todavía en la actualidad sigue orientando el trabajo de los maestros.
Carlos A. Carrillo se inició como maestro de niños en un colegio de Xalapa llamado instituto Pestalozzi. Allí tuvo la oportunidad de confrontar lo que sabía con la realidad de un grupo de niños; el conocimiento que obtuvo acerca de ellos y la experiencia de conducir en su educación a seres tan pequeños le produjo tanta satisfacción y entusiasmo que de ahí en adelante casi no hablaba de otra cosa. Estableció, poco tiempo después, su propio colegio en Xalapa, pero donde habría de comenzar a desarrollarse como gran educador fue en la escuela primaria que abrió en Coatepec con el nombre de Instituto Froebel.
En aquella lejana época, no había en nuestro estado de Veracruz escuelas donde se prepararan profesores; por lo tanto, el joven Carlos A. Carrillo no era maestro de profesión, pero como durante su vida de estudiante y por interés propio estudió y aprendió varios idiomas, este aprendizaje le permitió leer las obras de los grandes educadores extranjeros, y lo que aprendió en ellas, sumado a sus propias ideas, lo convirtieron en un excelente y sabio maestro.
En ese momento gobernaba la República el general Porfirio Díaz. Los gobiernos liberales le habían dado al país un gran impulso hacia la modernidad; en el campo de la educación había muchas ideas renovadoras, pero en la inmensa mayoría de las escuelas se educaba con métodos muy anticuados e ineficaces.
El maestro Carrillo combatió apasionadamente la forma en que se educaba a los niños en estas escuelas, y para difundir sus ideas renovadoras publicaba un periódico semanal al que llamó El Instructor. Meses más tarde lo sustituyó con ventaja por una revista educativa a la que tituló La Reforma de la Escuela Elemental. Ambas publicaciones fueron ampliamente reconocidas y apreciadas por el magisterio veracruzano y de todo el país.
Cuando en 1886, el gobernador del estado, general Juan de la Luz Enríquez, fundó la Escuela Normal en Xalapa, designó como director de la misma al maestro suizo don Enrique C. Rébsamen y a don Carlos A. Carrillo como catedrático.
Al poco tiempo, en reconocimiento a sus grandes méritos, el maestro Carrillo fue invitado a dirigir la escuela primaria anexa a la Escuela Normal de la Ciudad de México. Desde allí, tal como lo hizo desde que se convirtió en maestro, siguió escribiendo incansablemente acerca de muy variados temas y asuntos escolares, siempre con gran pasión por la educación y con gran amor por los niños.
Su intensa vida profesional y su padecimiento asmático fueron, poco apoco, minando su de por sí débil organismo. En la Ciudad de México, el 3 de marzo de 1893, a la edad de treinta y ocho años, el maestro don Carlos A. Carrillo Gastaldi dejó de existir. Con su muerte, México perdió a uno de sus más grandes educadores y Veracruz a uno de sus hijos más preclaros.
La labor magisterial de Carlos A. Carrillo fue constante, intensa y fructífera; su obra escrita, casi toda ella en forma de artículos periodísticos, constituye una de las más sabias y ricas aportaciones a la educación nacional y universal.
Sea este Seminario un homenaje a tres grandes hombres. Tres grandes educadores. Tres MAESTROS –con mayúsculas- que dieron brillo a nuestro querido estado colocando a Veracruz como punta de lanza de la educación mexicana en el último tercio del Siglo XIX.
MUCHAS GRACIAS.
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